«Pin parental»: innecesario y antidemocrático

Foto de niño con mochila caminando por un parque

El llamado «pin parental» es una propuesta anticonstitucional y profundamente antidemocrática, pues en el fondo persigue que los padres puedan limitar el derecho de sus hijos a una educación integral que permita que puedan elegir con garantías su propio camino en la sociedad en la que van a vivir.

Esta sociedad democrática no puede consentir esta medida, pues contradice el mandato constitucional que tienen los poderes público de  «... promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud...» (art 9.2)

El Estado tiene que garantizar el derecho de todos a una educación cuyo objeto es «el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales» (art 27.2). Para ello la constitución dice que estos poderes públicos establecerán «... una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados» (art 27.5). Además «los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca» (art 27.7)

Como se puede ver, la constitución ha establecido que el sistema educativo debe ser democrático en su objetivo y en su funcionamiento. Las leyes de educación deberían desarrollar este esquema, y aunque la LOMCE supuso un vergonzoso paso atrás en este planteamiento, todavía mantiene mecanismos de participación de los padres en el control de los centros docentes. Además, como exige el artículo 27.8, existen inspecciones educativas que vigilan el sistema educativo para que se cumplan las leyes, y a estas inspecciones se puede acudir si hay alguna irregularidad. Por no hablar de la vía judicial en último extremo.

El pin parental es anticonstitucional porque da a un progenitor un derecho de veto final que anula el trabajo democrático previo de Claustro, Consejo Escolar y AMPAs dejando a su capricho la participación o no de los hijos en actividades que la comunidad educativa ha decidido que son adecuadas para el objetivo buscado: los ya mencionados principios democráticos de convivencia y el desarrollo de sus libertades y derechos.

En el fondo este «pin parental» no es más que un ataque y un desprecio al sistema educativo de España. Está diciendo que el sistema educativo no hace bien su trabajo, y que los padres, ellos sólos y en última instancia, son los únicos que pueden decidir sobre la educación de los futuros ciudadanos.

Una buena prueba de lo innecesario que es este absurdo pin parental ha sido ver en estos días cómo el entorno de sus impulsores no ha encontrado ejemplos reales de actividades que criticar y se ha dedicado a poner ejemplos falsos en las redes sociales, intentando hacerlos pasar por ciertos.

El camino no es dar a los padres y madres derecho a veto, sino recuperar, por ejemplo, la importancia del Consejo Escolar (que la LOMCE redujo, por cierto)

Para ir acabando, veamos algunos ejemplos prácticos de cómo este pin parental rompe la lógica del sistema y perjudica a los alumnos:

Una de las actividades complementarias habituales en los centros docentes son las de concienciación sobre seguridad vial. Imagínense ahora un padre que desprecia las normas de tráfico, de esos que siempre se saltan los límites de velocidad, que ya le han retirado el carnet en una ocasión por faltas graves... ¿no le vendrá muy bien a su hijo esa actividad de concienciación en seguridad vial?¿o es mejor que ese padre aplique su pin parental, impida que su hijo tenga acceso a la actividad y garantizemos así otro peligro para la convivencia cuando ese niño tenga edad para conducir?

Otro ejemplo más extremo, un padre islamista radical, afín al yihadismo ¿para que creen que utilizará su «pin parental»?... han acertado, sus hijos no participarán nunca en las actividades del Día de la Paz y la No Violencia, y seguramente tampoco en ningún taller sobre igualdad.

Otro ejemplo más: el cambio climático está perfectamente demostrado científicamente y es un reto evidente para la calidad de vida de nuestros hijos y nietos, pero imaginemos ahora una madre negacionista del cambio climático: ¿actividades sobre el cuidado del medio ambiente?... tú no vas, chaval.

En fin, que en un sistema democrático las decisiones colegiadas, los acuerdos dialogados y consensuados, el control mutuo de unos poderes sobre otros, de unos sectores sobre otros, son fundamentales. Permitir el veto de una persona individual sobre el derecho a la educación de otra, aunque sea su hijo, es lo contrario a un principio democrático.