Velocidad límite

En una charla con mi querido compañero Fernando, hablaba yo de la imposibilidad física de alcanzar velocidades mayores que la de la luz. Fernando era escéptico, tenía la visión de que en el futuro podría ser que la ciencia descubriera cómo superar el límite. Intenté contarle que la ciencia ya ha concluído que no es posible, porque no es una cuestión de mejora tecnológica ni de limitaciones en nuestro conocimiento. No conseguí convencerlo, por eso ahí va esta largada para tratar de exponerlo con más tiempo y recursos gráficos.

Quizás el enfoque más claro sea empezar por el final, no seguir la típica línea de la historia del desarrollo de la relatividad de Einstein, al que disgustó por cierto el nombre de relatividad, con motivo. Y ese final por el que empezaremos, es que ahora se comprende que el espacio y el tiempo no son cosas totalmente independientes, sino que van unidas en lo que llamamos el espacio-tiempo. Todos los objetos que existen lo hacen en el espacio-tiempo: cuatro dimensiones, tres espaciales y una temporal. Nuestra intuición cotidiana distingue nítidamente las espaciales de la temporal porque esta última sólo la podemos recorrer en una dirección, siempre hacia adelante, mientras que las espaciales se pueden recorrer en cualquier dirección. Y además nuestra intuición también nos dice que todos recorremos el tiempo a la vez y por tanto puede haber eventos simultáneos, como cuando Indiana Jones golpea la X del suelo de la biblioteca en el instante exacto en el que el bibliotecario sella un libro, asombrándose éste del ruido "provocado" por su pequeño sello. 

Por eso costó descubrir que tiempo y espacio no son cosas completamente independientes, como parece decirnos nuestra intuición, sino que están vinculados en una geometría única (en el sentido de conjunta). Es decir, no son exactamente idénticos pero tampoco son independientes sino que están conectados. Y el factor que los conecta es precisamente c, que conocemos corrientemente como la velocidad de la luz, pero que es más que una velocidad.

No es un valor arbitrario, ni un capricho de los científicos, ni una limitación tecnológica, es una propiedad intrínseca del espacio-tiempo que hemos descubierto hace más de 100 años y confirmado una y otra vez desde entonces. De hecho hoy por hoy se confirma a diario, como veremos más adelante. Así que hablamos de una parte de la estructura misma del universo y ningún avance científico va a cambiar eso.

Todos los objetos estan en movimiento en este espacio-tiempo, y aquí viene la sorpresa: siempre a la misma velocidad total. Pongamos por caso al bibliotecario antes mencionado. Sentado en su silla revisando y sellando los libros no se esta moviendo por el espacio, toda su velocidad (punto rojo) es en el eje del tiempo y siempre positiva (no nos podemos mover hacia atrás en el tiempo), como decíamos antes. 

Si pasara un satélite por encima de la biblioteca, a 30 000 km/h, por ejemplo, su punto sería el azul. El movimiento total es el mismo, pero ahora una pequeña parte es por el espacio (pequeña, sí, esa velocidad no es nada comparada con c). Como el movimiento total tiene que ser el mismo (el vector azul siempre tiene la misma longitud), la velocidad en el tiempo es un poco menor, pero tan poco que es casi inapreciable. De hecho en el diagrama incluso está exagerado para que se distinga del punto rojo, en realidad estarían casi  totalmente encima uno del otro. 

Si en lugar de un satélite tenemos un objeto viajando por el espacio a velocidad próxima a c (punto verde), por ejemplo un protón de la radiación cósmica, que es normal que vaya a entre un 80% y un 99% de c, gran parte del movimiento es en el espacio, y por tanto una menor parte de su movimiento es en el tiempo. O sea que desde el punto de vista del bibliotecario, el tiempo transcurre más despacio para el protón. Es la conocida como dilatación del tiempo. 

Si el protón viajara a más velocidad que c, para mantener el total constante, su velocidad en el tiempo tendría que ser negativa, tendría que viajar hacia atrás en el tiempo. Evidentemente no es posible, y además lo comprobamos en los aceleradores de partículas todos los días. Ningún acelerador consigue jamás partículas que viajen a más de c, cuanta más aceleración se le intenta dar a la partícula, más "resistencia" ofrece a aumentar su velocidad. Echando cuentas con las ecuaciones, se tiene que para que un protón llegara a c tendrías que proporcionarle energía infinita. Y esto es así con cualquier objeto con masa, por mucho que lo intentes no puedes hacer que toda su velocidad sea en el espacio. Una parte, por pequeña que sea, tiene que ser en el eje del tiempo.

Los únicos objetos que van a velocidad c son los que no tienen masa, o sea, los fotones de luz (punto amarillo en la figura). De hecho, en el vacío, sólo pueden viajar a velocidad c, ni más ni menos, y para ellos se podría decir que no transcurre el tiempo, toda su velocidad es en el espacio y nada en en tiempo (punto amarillo)

El ejemplo observacional habitual de la dilatación del tiempo son los muones generados en la alta atmósfera, a unos 10-20 kilómetros de altura, por los rayos cósmicos. De estas partículas se conoce que su vida media es de 2,2 microsegundos, y cuando se forman en la alta atmósfera alcanzan una velocidad de aproximadamente el 99% de c. En ese tiempo y con esa velocidad no deberían llegar al suelo, recorrerían menos de 1 km antes de desintegrarse. Sin embargo se detecta su llegada al suelo en grandes cantidades. El motivo es que desde nuestro punto de vista, bien ligado al suelo como la silla del bibliotecario, el tiempo transcurre más despacio para el muón, esos 2,2 microsegundos se transforman en más de 30 y eso les permite alcanzar el suelo.

Ahora, volvamos junto a Indiana Jones. Para él y para el bibliotecario, los eventos "golpear la X del suelo" y "sellar el libro" son simultáneos, jocosamente simultáneos también para el que está con las palomitas viendo la película. Esto es porque los dos observadores están en el mismo punto de vista (lo que técnicamente se llama, en el mismo sistema de referencia inercial), en reposo en el espacio, viajando sólo por el tiempo. Pero ¿serán también simultáneos para el protón?

Para entender esto es mejor pasar a los diagramas de Minkowski. Se tratan de gráficas en las que para simplificar, las tres dimensiones espaciales se representan con una sola línea  marcada con s (de eSpacio) y la temporal en una marcada con ct. ¡Ahí lo tenemos, por cierto! c no es una velocidad cualquiera, es el factor que equipara la dimensión temporal a las dimensiones espaciales. 

Estos diagramas ayudan a visualizar lo que las ecuaciones de la relatividad nos dicen. Empecemos con el sistema de referencia que comparten Indy y el bibliotecario, en negro. Marcamos con dos cuadrados negros los dos eventos que para ellos son simultáneos, ya que tienen la misma coordenada temporal (el punto gris). Pero para el protón no son simultáneos (lo he puesto más lento que antes, al 40% de c, para que se vea mejor el diagrama). Vemos su sistema de referencia en verde y cómo la acción vandálica de Indy y el sellado del libro por el bibliotecario ocurren en dos coordenadas de tiempo distintas (los puntos verdes). El protón no pillaría el chiste de la película.

Moraleja: el tiempo no es absoluto, depende del sistema de referencia, y la simultaneidad también.

Bonus: fijémonos como la línea amarilla, que representa la trayectoria de un rayo de luz, es igual para todos los sistemas de referencia, y el límite de todos. Eso sí es absoluto e independiente del sistema de referencia.

¡¡Fernando!!, ahora ya te me puedes poner a leer Tau Zero, de Poul Anderson, que viene muy a cuento.

PS: Ya sé por donde vas a tirar, Fernando, que igual sí podemos ir hacia atrás en el tiempo... pero no, contradice todas las leyes de la física, por ejemplo no podrían existir los enlaces atómicos. Si acaso en otra largada lo desarrollamos.

Conversaciones en Whatsapp II: suicidio y eutanasia

En otro debate por whatsapp salió el tema de la reciente ley de eutanasia, y la reflexión de mi oponente en el debate fue: «Sobre el tema de la eutanasia... Dice mucho de las metas que se proponen en nuestra cultura. Una sociedad vital, joven y en auge ni legitima el suicidio ni lo propugna como máximo ideal de libertad.»

A mí esto me suena a haber comprado sin reflexionar y profundizar el discurso hipersimplificador, retorcido e irreal de la conferencia episcopal sobre este asunto, una tergiversación de la realidad muy propia del clero. Porque es evidente que no se propugna la eutanasia como máximo ideal de libertad. Sí como una libertad más a la que poder recurrir en casos muy extremos de sufrimiento horrible y sin esperanza de que acabe por no existir solución médica. Es poder optar a un final digno para una terrorífica agonía sin esperanza médica de mejora.

Y además esto coincide en el tiempo con un fenómeno actual muy evidente: la sociedad civil y las administracións públicas están sacando a la luz el problema grave que supone el suicidio, el de verdad, no la eutanasia, muchas veces silenciado hasta ahora en nuestra cultura precisamente por la creencia cristiana en la condenación eterna de los suicidas. Era una vergüenza para los que quedaban. Por contra ahora se intenta visibilizar esta realidad trágica y así se están tratando de combatir activamente sus causas. Lo estamos viviendo estos últimos años. Está ya incluso en la cultura popular, aún hace unos días lo vi como tema principal en un episodio de una serie de ciencia ficción. Es lo que está pasando con el tema de los suicidios, y es una muy buena noticia, que de nuevo no lidera ni impulsa la iglesia.

Así, que en algunos casos (muy pocos y teniendo que justificarlo extensamente) de sufrimiento extremo y sin solución médica posible, tengamos la posibilidad de poner fin a ese sufrimiento, voluntariamente y sin criminalización de quien no quiere seguir sufriendo ni de quien le ayuda a escapar a esa agonía, en un contexto controlado y con un procedimiento muy garantista, no es una «cultura de muerte», sino de compasión. Este tema es un ejemplo clarísimo de cómo unas creencias religiosas sin pruebas ni base racional ninguna, la condenación eterna del alma (qué Dios más misericordioso, por cierto) del que se suicida, y el valor redentor del sufrimiento, contaminaron el debate y causaron sufrimiento real en el enfermo y en los familiares y médicos que no podían ayudarle en ese contexto horroroso. 

Yo vivo más tranquilo ahora sabiendo que si llego a una situación médica tan atroz podré evitar que los obispos vengan a obligarme a extender horriblemente en el tiempo la agonía, en nombre de sus creencias inhumanas. En una situación extrema así no es razonable de ninguna manera imponer la obligación de seguir viviendo. 

Si uno se ve como tolerante y con empatía, debería procurar imaginarse en una situación extrema como ésta y entonces verá la enorme positividad de la norma recién aprobada, que por cierto recoge el sentir de la gran mayoría de la población española, que incluye muchas personas religiosas. Todas estas personas han sabido demandar y leer la compasión y dignidad que supone una norma así. Recomiendo la lectura del apartado I del preámbulo de la ley, que explica perfectamente de qué estamos hablando.

Y una última reflexión, esta norma establece un derecho individual, nadie obliga a nadie a emplearlo. ¿Por qué entonces esa oposición tan marcada de algunos?. Si tus creencias religiosas te obligan a sufrir la agonía hasta el final más indigno posible, nadie te impide hacerlo, pero ¿por qué imponérselo a los demás que no comparten tus ideas?. Yo no veo motivo ninguno salvo crueldad o retorcidas pajas mentales pseudofilosóficas alejadas de la realidad y la mínima compasión por el prójimo.


Foto de tabitha turner en Unsplash

Conversaciones en Whatsapp I: el estado de alarma

En un grupo de Whatsapp en el que dialogamos sobre temas «serios» surgió un intercambio de pareceres con una persona a la que aprecio que me ha generado preocupación. Me ha preocupado porque considero que esta persona está dotada de sensibilidad democrática, y aún así manifestaba en esa conversación que encontraba cosas positivas en el partido político Vox. Aunque yo ya sabía, por el porcentaje de apoyos que recibe este partido, que hay una parte significativa de la población a la que atrae su mensaje, encontrar una persona concreta y próxima que defiende la libertad y la democracia y no vea el enorme peligro que esta formación supone para ambas, me causó una gran impresión.

Porque significa que la propaganda y el uso y abuso de las «fake news» de esta formación está calando y que algunos demócratas cristianos pueden ser seducidos por esta antidemocrática organización, en una tendencia con preocupantes resonancias históricas, pues Vox recuerda, muy tristemente, a la CEDA, y en algunas cosas al NSDAP, germen del nazismo.

Se puede entender que algunos excesos de la izquierda extrema, que tampoco tiene un alma realmente democrática (aunque lo intente aparentar) pues aún sueña con algunos delirios del pasado, puedan generar reacción. Pero esto no debería llevar a cerrar los ojos ante un peligro tan sobresaliente como Vox, que rezuma antidemocracia en prácticamente todos sus movimientos.

Imagen de mazo y leyes

Pero vamos al grano: al decir yo que no me parecía nada salvable en Vox, la respuestas fue que algo sí era salvable: sus «demandas ante el constitucional del estado de alarma que restringieron derechos sin que ese tipos de estados lo puedan hacer» y que «restringir derechos por vías indebidas es más dictatorial que el que lo pone en cuestión ante el constitucional».

 

Antes de nada señalar que, aunque luego quisieron hacer creer lo contrario, Vox fue el primero en pedir un estado de alarma y votó a favor cuando se sometió al Congreso. De hecho quería un estado de alarma con medidas más duras; viendo hemeroteca se aprecia claramente todo esto. Pero luego debió percibir como más «rentable» recurrirlo en el Tribunal Constitucional, con un éxito muy limitado aunque nos lo vendan como lo contrario. 

Porque después de tanta alharaca, el Constitucional (al que Vox no duda en vilipendiar cuando no le da la razón) al final sólo consideró inconstitucional la excesiva intensidad y generalidad de la limitación al derecho de libre circulación, más un matiz respecto a la dación de cuentas al Congreso en la parte de paso a los ministerios de la ampliación de las limitaciones en empresas. El resto de la demanda, que no es poca, se tumba con claridad meridiana. De hecho incluso sobre los puntos que el tribunal impunga también manifiesta que eran medidas necesarias. Por otro lado, reconoce que, con el marco jurídico vigente y en las circunstancias en las que estaba la pandemia, el estado de alarma era el que correspondía, y sólo podría haber cabido el estado de excepción con una interpretación integradora de las normas, que queda muy bonito para poner en la sentencia pero que ningún gobierno (salvo uno con vocación realmente autoritaria) habría tomado en ese momento. De hecho es muy perturbador lo rápido que Vox ha pensado en el estado de excepción.

En resumen, la sentencia lo único que pone de manifiesto es que la ley orgánica que regula los estados extraordinarios no da buen encaje para una pandemia de estas características, pues las limitaciones que permite para el estado de alarma, el único previsto para crisis sanitarias, no son suficientes.

El caso es que si leemos la sentencia vemos que la propaganda de Vox no es cierta, ellos SÍ votaron a favor, y SÍ, el estado de alarma puede limitar derechos (si no para qué rayos se tiene), y así lo reconoce el Tribunal Constitucional en todo lo que la demanda de Vox pretendía negar, impugnando sólo que la limitación del derecho de circulación fue demasiado general. Y en cuanto a quién es más dictatorial, me temo que lo es más el que pretende aplicar de entrada un estado extraordinario más duro. Sólo que luego quieren darle la vuelta a todo para quedar ellos de demócratas.

Y es que el problema no es que un partido político recurra al Constitucional cuando lo vea necesario, para eso está la separación de poderes, para que unos poderes controlen a otros, lo que es sano para la democracia. El problema está en la intencionalidad de Vox, que es la constante búsqueda del desgaste del Gobierno para adquirir ellos más poder, sin importarle ni lo más mínimo las contradicciones y mentiras en que incurre ni las consecuencias para la sociedad de sus actos.

Lo vemos contantemente, por ejemplo: van de defensores de la clase obrera y luego votan contra mejoras en el SMI y pretenden limitar el derecho a huelga. Otro ejemplo, coqueteo con el negacionismo a las vacunas cuando eran, tras la distancia personal, la mejor arma contra la COVID, etc. No les importa la gente, sólo la búsqueda de poder. El que obtengan ya estamos viendo en todas sus actitudes como lo quieren usar: esquivando y socavando cuanto puedan el sistema democrático.


Imagen del mazo y las leyes, de succo en Pixabay

«Pin parental»: innecesario y antidemocrático

Foto de niño con mochila caminando por un parque

El llamado «pin parental» es una propuesta anticonstitucional y profundamente antidemocrática, pues en el fondo persigue que los padres puedan limitar el derecho de sus hijos a una educación integral que permita que puedan elegir con garantías su propio camino en la sociedad en la que van a vivir.

Esta sociedad democrática no puede consentir esta medida, pues contradice el mandato constitucional que tienen los poderes público de  «... promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud...» (art 9.2)

El Estado tiene que garantizar el derecho de todos a una educación cuyo objeto es «el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales» (art 27.2). Para ello la constitución dice que estos poderes públicos establecerán «... una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados» (art 27.5). Además «los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca» (art 27.7)

Como se puede ver, la constitución ha establecido que el sistema educativo debe ser democrático en su objetivo y en su funcionamiento. Las leyes de educación deberían desarrollar este esquema, y aunque la LOMCE supuso un vergonzoso paso atrás en este planteamiento, todavía mantiene mecanismos de participación de los padres en el control de los centros docentes. Además, como exige el artículo 27.8, existen inspecciones educativas que vigilan el sistema educativo para que se cumplan las leyes, y a estas inspecciones se puede acudir si hay alguna irregularidad. Por no hablar de la vía judicial en último extremo.

El pin parental es anticonstitucional porque da a un progenitor un derecho de veto final que anula el trabajo democrático previo de Claustro, Consejo Escolar y AMPAs dejando a su capricho la participación o no de los hijos en actividades que la comunidad educativa ha decidido que son adecuadas para el objetivo buscado: los ya mencionados principios democráticos de convivencia y el desarrollo de sus libertades y derechos.

En el fondo este «pin parental» no es más que un ataque y un desprecio al sistema educativo de España. Está diciendo que el sistema educativo no hace bien su trabajo, y que los padres, ellos sólos y en última instancia, son los únicos que pueden decidir sobre la educación de los futuros ciudadanos.

Una buena prueba de lo innecesario que es este absurdo pin parental ha sido ver en estos días cómo el entorno de sus impulsores no ha encontrado ejemplos reales de actividades que criticar y se ha dedicado a poner ejemplos falsos en las redes sociales, intentando hacerlos pasar por ciertos.

El camino no es dar a los padres y madres derecho a veto, sino recuperar, por ejemplo, la importancia del Consejo Escolar (que la LOMCE redujo, por cierto)

Para ir acabando, veamos algunos ejemplos prácticos de cómo este pin parental rompe la lógica del sistema y perjudica a los alumnos:

Una de las actividades complementarias habituales en los centros docentes son las de concienciación sobre seguridad vial. Imagínense ahora un padre que desprecia las normas de tráfico, de esos que siempre se saltan los límites de velocidad, que ya le han retirado el carnet en una ocasión por faltas graves... ¿no le vendrá muy bien a su hijo esa actividad de concienciación en seguridad vial?¿o es mejor que ese padre aplique su pin parental, impida que su hijo tenga acceso a la actividad y garantizemos así otro peligro para la convivencia cuando ese niño tenga edad para conducir?

Otro ejemplo más extremo, un padre islamista radical, afín al yihadismo ¿para que creen que utilizará su «pin parental»?... han acertado, sus hijos no participarán nunca en las actividades del Día de la Paz y la No Violencia, y seguramente tampoco en ningún taller sobre igualdad.

Otro ejemplo más: el cambio climático está perfectamente demostrado científicamente y es un reto evidente para la calidad de vida de nuestros hijos y nietos, pero imaginemos ahora una madre negacionista del cambio climático: ¿actividades sobre el cuidado del medio ambiente?... tú no vas, chaval.

En fin, que en un sistema democrático las decisiones colegiadas, los acuerdos dialogados y consensuados, el control mutuo de unos poderes sobre otros, de unos sectores sobre otros, son fundamentales. Permitir el veto de una persona individual sobre el derecho a la educación de otra, aunque sea su hijo, es lo contrario a un principio democrático.